Confesión

Vivo entre sierpes insaciables que nada entienden
de un corazón en llamas.
Me manejo torpemente entre el caos y la quimera.
Me envían saludos seres despreciables
desde el abismo de sus pobres corazones.

Camino por calles asfaltadas de malditos designios
y no tengo ningún contacto con el ser humano.
Escribo de madrugada malditos versos
ebrios de una atroz melancolía.
Soy un pobre tipo de mierda
que no tiene el coraje del disparo.

Y aquello pasa por haber vivido mucho tiempo
en un lugar que no me correspondía
en un planeta que no me era favorable
y en no saber comportarme entre imbéciles,
tenía que haber muerto antes de nacer. 

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¡Feliz Día del niño!

Estoy con Carla y mañana se celebra el Día del niño. Luego vendrá el Día del Tonto, el Día del Tinto, el Día del crápula, el Día de Lo Que Tú Quieras. ¿Y el Día del Sistema Capitalista para cuándo? La cosa es que estoy con Carla. Me vino a ver y ella hace lo de siempre, paga todo. Es un sábado, ya fuimos a cenar y estamos en el hotel. Listos para la última pelea de la noche en el cuadrilátero del amor. Nada más comenzar el round, llama uno de sus hijos.

- Sí mi niño. Mañana estaré con ustedes. Yo también te quiero mi niño. Ni te imaginas lo que te llevo de regalo. Tú sabes que también te amo. Sí mi amor. Mamá siempre estará contigo. Te prometo que mamá te traerá a Puerto Natales. Te lo prometo. Te amo mi amor. ¿Me das con tu hermana? Chao mi cielo. ¡Hola cariño! No sabes cuánto te amo. Sí querida hija de mi corazón. Yo también te extraño. Mañana mamá estará con ustedes. Sí querida. Te lo prometo. Un besito pequeña mía. Dame con tu padre. Hola amor. Sí. Yo también te extraño. Sí, me ha ido todo bien. No te preocupes. Me he puesto de acuerdo con el comprador. Todo bien. Fuimos a la Notaría y quedó todo en orden. Mañana llegaré al mediodía. Yo también te extraño amor. Sí mi vida. Te amo. Chao.

La atraje hacía mí y le di con todo.

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El Mossad y la CIA lo sabían

Tenía de decírselo. Llegado el momento tenía que decírselo. No se puede ocultar la realidad. No se puede ocultar la verdad todo el tiempo. Era mi madre. Ella entendería. Tenía que decírselo. Era todo tan evidente pero ella no se daba cuenta. Creo que era la única que no se daba cuenta. Todos mis amigos lo sabían. Los vecinos. Mis maestros de escuela lo sabían. El Mossad y la CIA lo sabían. Sólo era cuestión de tiempo de que ella se enterase. Que alguien por ahí llegara con el chisme. Se lo diría. Era mejor que lo sepa por mí. Por su hijo. Es que tampoco encontraba el momento y el lugar para la confesión. En verdad yo era un chico apocado y tímido digno de bullying. Ya sé. Nadie es digno de bullying. Salvo aquellos que cumplen funciones de gobierno. Pero me faltaba el coraje. En verdad que me faltaba coraje. Sé que llegaría el momento en que tenía que saberlo por mis propios labios.¡Era mi madre! Entendería. Pero el momento no llegaba. Hasta que un día llegó el momento. Me invitó a comer a un restaurante peruano y en los postres se lo dije. Madre quiero decirte algo le dije. Hace mucho tiempo que quería decírtelo. Y no me atrevía. Seré franco contigo. Sé que me amas y comprenderás. Y se lo dije: estás gorda como una vaca.

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El ratón Pérez

Para Ada Valeria.

Cuando era pequeño mi vida era magnífica. Mis padres estaban separados y aquello era francamente maravilloso. No hay nada mejor para un niño pequeño y listo que sus padres estén separados. De lunes a viernes me agasajaba mi padre. Del viernes por la tarde hasta la noche del domingo mi madre. Mi padre era poeta o decía que lo era. Usaba una boina negra, un perramus del mismo color que le llegaba hasta los tobillos. Siempre salía a la calle con un libro bajo el brazo. Llegaban amigos a casa y le preguntaban: cómo le va poeta. Pero en verdad nunca le vi escribir un puto verso.

Recuerdo una época en que escuchaba constantemente La Oreja de Van Gogh. Me decía que lo escuchaba para inspirarse. Cuando tocaban el timbre de casa y llegaba algún amigo, sacaba la música que lo inspiraba y ponía a Thelonious Monk. Entonces decía a sus amigos que Thelonious le inspiraba. Yo creo que a mi padre sólo le inspiraba una o dos botellas de vino tinto. Eso en el supuesto caso de que a mi padre algo le inspirase.

Mi madre era una militante feminista de izquierda que hacía clases en un colegio de monjas. Le gustaba el caviar, también el vino tinto y Frida Kahlo. En fines de semana se contactaba con amigas con los espíritus de poetas de la costa este de Estados Unidos. Aquello lo hacía a través de la Ouija.Un tablero con letras y números que se supone que se mueven a entera voluntad enigmática. Recuerdo una vez, mientras las letras se desplazaban alocadas, que un poeta, no recuerdo cuál, le dijo algo así como: dale leche de burra a tu volumen. Esas clases de tonterías que mi madre creía una señal clara del destino. Un día estando en casa de mi madre se me cayó un diente. En casa de mi padre y según la tradición, era sinónimo de dinero bajo mi almohada. Yo pensaba que en casa de mi madre sería lo mismo. Por lo tanto puse mi diente bajo mi almohada y al despertar no encontré nada. Y en aquel momento comenzó mi búsqueda. En la alacena nada. En la cartera de mamá nada. En el baño nada. Removí algunas cajas y no encontré nada. Fui al segundo piso y sobre un libro de Simone de Beauvoir, La mujer rota, encontré 10 mil pesos. Un dineral. Lo tomé y fui donde mi madre que dormía y le pregunté si el ratoncito Pérez me había dejado plata en un libro, mi madre sin despertarse farfulló que sí. Fui al almacén de la esquina y compré tres cajas de chocolates. Invité a mis amigos y fui el chico más querido de mi calle. Cuando llegué a casa, al mediodía, mi madre me preguntó por el dinero que estaba encima del libro. Le conté lo del ratón Pérez. Se enojó muchísimo y me dio un chirlo. Me dijo: niño estúpido, el ratón Pérez no existe. Me lo dijo y una sonrisa de hada malvada se dibujo en su rostro trasnochado de tanta Ouija. Le dije que ya lo sabía. Que sabía que el Ratón Pérez no existía. Que aquello no me afectaba en lo más mínimo. Luego arremetió con furia cruel de mujer cruel. Me dijo: y sabes acaso que tu padre no es tu padre. Le dije que tampoco me importaba. Cómo me iba a importar un padre que escuchaba todo el tiempo La Oreja de Van Gogh. Sólo me importaba el chocolate y mis amigos.

Creo que mi padre publicó un libro que nadie leyó. Mi madre me llamó hoy diciéndome que el domingo llega desde Cincinnati.

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A propósito de Tom Waits

"Me gusta el smog, el tráfico, la gente perversa, los atascos,
los vecinos ruidosos, los bares abarrotados y paso la mayor parte del tiempo
 en el coche yendo a ver una película". Tom Waits.

Vi tu cara de disgusto al ver la foto de Tom Waits
que te miraba desde el fondo sepia de una vida desolada,
de amaneceres sangrientos y violentos gestos de espanto
dedicados a violar este atrabiliario tiempo nuestro,
en vislumbrar un futuro en donde los cerdos estén en prisión,
y en imaginar que la música, la poesía y el descontrol
era la receta adecuada para espantar la falla de San Andrés.

Luego de escucharlo dijiste -canta como se ve en la foto-
o sea mal, una voz de ultratumba, gastada y final,
pero te diré, que prefiero a Tom Waits más que a Los Tres Tenores,
a él más que a Madonna, Cristo o la Madre Teresa,
mucho más a él que a tu encantador último novio,
y algo más; cientos de veces vi esa cara de disgusto
sobre mi rostro de la gente del pueblo
cuando eras niña y no te dabas cuenta y me amabas.

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Si una mujer se pone a llorar

Esa chica es mala. Verdaderamente mala. No sólo robó mi corazón sino que también mi plasma de 200 pulgadas. Un cuadro de Matisse y la primera edición de un libro de Borges. Lo que siento verdaderamente es mi plasma de 200 pulgadas. Justo ahora que comienza el Mundial en Brasil y la final de la NBA. Puta cabrona. ¡Yo que tan bien te follaba! Eso creía. También se llevó mi ordenador portátil y la foto de mi bautismo con mis padrinos. Cuando la conocí me contó una historia y se puso a llorar. Me contó que de pequeña había sido abusada. Que de joven había sido abusada y que de madura también. Pensé: esta es la mía y la llevé a la cama. También se llevó mi refrigerador recién estrenado. En realidad soy un estúpido de mierda. Y se veía tan linda con su pelo alborotado al viento y su sonrisa de Mona Lisa. Ahora quizás dónde estará. En Tombuctú, en Sri Lanka o en Marte conduciendo el Curiosity. Te lo digo lector. Sí. A ti. Si una mujer se pone a llorar no la lleves a la cama. No hagas tal. Si una mujer se pone a llorar llama a la policía.

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Hamburguesas y Coca-Cola

Hola soy Carola y quiero contar mi historia. Me encontré con ese tipo en una Web de Swingers. La verdad que no estaba lo suficientemente atraída por ese pelafustán de cuarto enjuague. No me gustaban sus tatuajes carcelarios. Tampoco su pelo rasta color orina de cerveza lavada. Pero al caliente de mi marido le gustaba su chica. Una pendeja con cara de yo no fui. Una chica con cara de yo no fui es una bomba atómica. Y concertamos una cita en un hotel en el centro de Puerto Natales. Hotel que pagamos previamente. Llego esa mierda de tipo diciéndonos que su chica llegaría pronto. Llegó oliendo a un trago indescifrable. Podría ser Ron, Pisco o Mozambique. Estuvimos allí tres horas esperando a su mierda de chica con cara de yo no fui. Nunca llegó. Le explicamos que el acuerdo era que él estaría allí con su chica. Nos dijo que su chica tenía turno en el hospital y que por eso no vendría a horario. Un turno imprevisto. Nos volvimos a casa y vimos una película de vampiros. Con hamburguesas y Coca-Cola.

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Dios en bicicleta

Estoy ahí en la puerta de casa sin nada que hacer y veo pasar a Dios en bicicleta. Lo llamo y me presento. Hola qué tal cómo estás y esas cosas. Le digo que necesito trabajar. Si puede hacer algo por mí. Que estoy en la mala. Que necesito imperiosamente un trabajo. Le muestro mis zapatos rotos. Tres días sin afeitarme. Con todos los problemas que tiene sé que no debo abusar. Sé perfectamente que tiene problemas en más de la mitad del mundo. Pero ya que está ahí, aprovecho. Le digo que soy listo. Que medianamente soy un buen tipo. Que Él lo sabe. Que supongo que lo sabe. Me escucha. Mece su barba blanca. Mientras le hablo lo noto impactado. Eso creo. Sus ojos azules brillan en la escarcha matutina. Una bandada de gorriones pasa sin rumbo fijo. También pasa un carro policial. No dice nada pero sé que me escucha. Eso creo. Creo que me escucha. Me pregunta para cuándo quiero el trabajo. Le digo que para hoy mismo. Que es urgente. Me dice que me tendrá en cuenta. Que nada puede hacer en ese momento. Pero que a la vuelta de la boda de un príncipe europeo en donde está invitado, se abocará a mi asunto. Eso me dice y parte raudo. No le creo. Lo entiendo.

Ilustración de Javier Molinero.

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