Cuando se terminó el comunismo

Salvemos a la ballena azul.
"inmaculada decepción"


Una vez amé a una feminista. En verdad no sé si la amé o es que me encantaba follar con ella. Lo hacía de maravillas. Íbamos de motel en motel como conejos. Siempre terminábamos en lo mismo. Decía: eres una verdadera bosta. Machista de mierda. Me tomas del cabello y me das por el culo. ¿Pero qué mierda te crees? Lo único que te gusta de una mujer es follar. ¡Animal de mierda!

Y yo: pero por qué no te vas a la puta madre que te parió feminista de mierda. Si igual te gusta cuando te la meto, te tomo del cabello y te doy palmadas. Y así. Todas las semanas. Un día –cuando se terminó el comunismo- se volvió vegetariana. Otro día era del Greenpeace. Luego integró una agrupación: Salvemos a la ballena azul. Dejé de verla. Años después me enteré por interpósitas personas, que se murió. Y eso fue todo.

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Miguel Mazzeo: De Senectute

Con Miguel conocí la pasión de la amistad.
"inmaculada decepción"


Yo era de River Plate hasta que conocí a Miguel Mazzeo que era de Lanús. Entonces hice lo que nunca un hombre puede hacer. Cambiar de club. Me hice hincha de Lanús y mi corazón se volvió granate. Con Miguel conocí la pasión de la amistad. La costumbre argentina del beso en la mejilla. Abrir la puerta de su casa un domingo y su madre cocinando pasta. Su padre sirviendo un vino generoso. Su hermana, su tía, su prima. Luego su mujer y sus hijos. La familia Mazzeo. ¡Cuántas veces tantas! Profesor de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Para mí siempre será algo necesario como el aire. No nos vemos hace como veinte años. Casi no intercambiamos correos. Siempre estamos conectados. Lo sé. Sé que él también –tal como yo- dirá: me gustaría compartir este momento con Hugo. Esta comida. Este sueño. Este dolor. Esta angustia. Esta alegría. Esta nube. Está cumpliendo cincuenta años. Lo conocí cuando tenía veinte o algo así. Era uno de los chicos más inteligentes de aquel Buenos Aires tan querido para mí. Uno de los mejores. Lo sigue siendo. ¡Un pibe bárbaro! Ha publicado una docena de libros. Festejamos su cumpleaños con este artículo de su pluma ácida. Te quiero Miguel. Hermano querido de mi corazón.


MIGUEL MAZZEO: DE SENECTUTE


Coke Bottle


Cumplo 50 años. Nunca tuve una edad peor que esta. Temprano para morir. Tarde para enamorarse. Las jóvenes –o los jóvenes, ¿por qué no?– no te miran con apetencias dialógicas (o las que sean) pero tampoco te dan el asiento en el bondi. El medio siglo remite a la condición socio-biológica más cercana a la invisibilidad.
Percibo que los lugares comunes y las metáforas berretas sobre el medio siglo no dejan de ser exactas: se trata del otoño de la vida. Yo no sé que entiende la mayoría de las personas por “otoño”. No capto los fundamentos de los planteos que intentan embellecerlo como estación. Los tonos sepias de las hojas caídas de los árboles me parecen una soberana pelotudez y en mi barrio no abundan los arces, los cerezos del arenal, los alisos, los olmos, los robledales y toda esa parafernalia vegetal. En todo caso la imagen remite a la melancolía, a la soledad, al olvido.
Lo único concreto en relación al otoño es que, si bien ya pasaron indefectiblemente el verano y la primavera, todavía no es el invierno. Queda un tramo para llegar al final. ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué uno no es todavía lo suficientemente cínico, egoísta o misántropo? Falstaff, el personaje de William Shakespeare (en Enrique IV), opinaba que los viejos son todos unos cínicos.
Yo sólo sé que la cifra “cincuenta” remite a una vibración descendente difícil de pasar por alto: decadencia, caducidad, merma de la pasión, la fuerza y la pureza, pérdida de la curiosidad, localismo, falta de disponibilidad para las cosas nuevas, inhibición de la productividad en las diversas áreas del quehacer cotidiano, disminución del instinto erótico y de la reactividad a los estímulos que alguna vez fueron placenteros, etc. El futuro llegó… hace rato. Tenemos más pasado que futuro. Uno es lo que es y es imposible que sea otra cosa. Cada vez es más difícil perderse en un sueño, en un delirio. Se acabó el largo plazo. Nos pasamos de la encrucijada donde nuestra voluntad debía encontrarse con nuestro destino. Nos paraliza una hasta ahora desconocida incapacidad de digerir frustraciones.
Entre otras cosas, porque se hace más cada vez más difícil la tarea de sostener nuestro ser, y aumenta el riesgo de perderlo. O sea: seguimos inacabados, incompletos, básicamente porque no somos objetos ni animales, tenemos que construirnos día a día, pero con medios cada vez más escasos, desde la materia condenada que es nuestro cuerpo y que somos todos nosotros y todas nosotras, desde la mutilación. No me vengan con la experiencia, ¡por favor! ¡Qué terrible impostura! No alcanza. Es evidente que la naturaleza no sabe lo que hace.
Un amigo, ingenuo, terrorista del sentido común, quiere refutarme. Insiste con la posibilidad de las pasiones otoñales. Le respondo: esas pasiones son las peores, siempre peligrosísimas y sin futuro. Son caballos desbocados rumbo al precipicio. Por otra parte, la vejez en las sociedades capitalistas es espantosa. Aún zafando de la indigencia, que sería la peor combinación de condiciones. Es mucho peor en las grandes urbes. Hace tiempo que, metódicamente, me dedico a registrar detalles y procedimientos que me anticipan el infierno. En las sociedades capitalistas la vejez nunca fue una condición venerable.
Aunque intenten maquillar la vejez con eufemismos y con imágenes idílicas de viejitos caretas y consumistas que hacen turismo, que asisten a espectáculos o a talleres de manualidades, o que están pasados de rosca por tomar agua mineral, todo este jolgorio de viejos frívolos, no hace más que corroborar lo difícil que es encontrar el sentido cuando uno/una deja de ser un producto biológico joven.
Entonces, los 50 inauguran el tiempo en dónde es cada vez más difícil el deseo y el deseo del deseo. Por lo tanto, de todos los deterioros que comienzan a abrumarnos, el más terrible es el deterioro de la conciencia de sí.
Esa es la pura verdad. No me vengan con frasecitas hechas, robadas de manuales de autoayuda o de budismo zen de divulgación. Libertad y rebeldía son jóvenes. Coacción y norma son viejas. Los jóvenes esperan todo, los viejos no esperan nada.
¿Cómo generación, qué decir? Nunca apareció nuestro momento paradigmático. La vejez nos sorprende sin posibilidades de forjarnos coartadas heroicas. Nuestras cicatrices y nuestros sudores no tienen épica. Fuimos una generación sin descontento y sin promesa. De nada sirve ponerse a rescatar invidualidalidades aisladas. No redimen a toda una generación. A lo sumo algunos tipos y tipas podrán ser rescatados por otra generación que los incluya en la triste categoría de los precursores y las precursoras.
Asumiré los cincuenta con toda la dignidad, la serenidad y la dicha que logre reunir mientras encaro la reorganización de los escasos objetos libidinales que me quedan. Me dan vergüenza ajena esos tipos y esas tipas que, ganados por la desesperación y la negación histérica, al borde de la catástrofe existencial, caen en la cuenta del deterioro de los cuerpos, en lo efímero de la vida como individuos y entonces recurren a ceremonias de rejuvenecimiento. Se atiborran de pócimas abominables, dietas, gimnasio, yoga, tinturas. Nada sirve. A los cincuenta se dan cuenta del elevadísimo grado en que la idea del alma aprisionó a sus cuerpos. En rigor de verdad, toman conciencia de que el cuerpo fue disciplinado por la falsa escisión alma-cuerpo. Y quieren deshacerse de ella. Tarde. Ahora es un cuerpo gastado, lento, oxidado, encallecido, sin encanto. Tarde se dan cuenta de que, como decía el poeta, uno/una es “incapaz de ser alma sin sus vísceras”. ¿Pienso luego existo? ¡Qué mentira el cogito! ¡Que tremendo estafador Descartes!
Yo no me voy a perder en los vapores de alguna estupefacción mística. Hay que decir que, en este aspecto, los y las ingresantes a vejez se parecen a los y las adolescentes: no quieren ser ellos mismos y ellas mismas.
Marguerite Yourcenar le hace decir al emperador Adriano que el cuerpo es un monstruo solapado. Yo no sé si cabe la figura de lo monstruoso para algo cuyo signo más característico es, en realidad, la fragilidad. Una terrible fragilidad. Tiendo a pensar más en el “junco pascaliano” que en un monstruo. Cumplir cincuenta también es darse cuenta (o puede servir para darse cuenta) de la fragilidad de los cuerpos, de los cuerpos de cualquier edad. Es el tiempo exacto en que uno (si no lo hizo antes) debería empezar a amar la fragilidad de todos los cuerpos, los cuerpos de los otros y las otras, a riesgo de convertirse en un viejo/vieja de mierda. Cumplir cincuenta, paradójicamente, es darse cuenta de que el cuerpo, por más estropeado que esté, es más rápido que la conciencia.
Intentaré por todos los medios evitar los mitos y los ritos que los 50 años suelen imponer. Se sabe: la función de los mitos y los ritos es disfrazar, desviar. Finalmente, vale decir que como predicadores disidentes, como herejes fracasados, aprendimos, por viejos y testarudos, y no precisamente por poseer poderes de discernimiento, que Ítaca no es la meta, es el camino. La libertad es acción, no estado. Y uno regresa a Ítaca sólo con el fin de volver a partir. Saluda cariñosa y efusivamente a Penélope, le regala unas flores afanadas del jardín más cercano y se toma el raje.
Así, una y otra vez, aunque el recorrido se acorte, hasta trasuntar los umbrales de esta dimensión.
Es una única forma de que la dialéctica sea algo diferente al movimiento que consiste en ir de lo malo a lo peor.

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El pesebre de Navidad

Me dijo: seré puta pero soy cristiana.
"inmaculada decepción"

A Javier Molinero.

Le daba los últimos retoques al pesebre de Navidad. La fiesta en paz. Pasaría esta última navidad sólo, como en los últimos veinte años. Me emborracharía y despertaría herido de muerte. Descubrí de pronto que necesitaba compañía. La llamé. Me dijo que cobraba 40 euros. No hay problemas le dije. Vino. En El Pingüino decía que le gustaba hacer de todo. Hago todo lo que te gusta y un poco más. Le dije que haga de la madre de Jesús. María. Me preguntó si estaba loco o algo así. Le dije que me apegaba estrictamente a su publicidad en El Pingüino. A ese… algo más. Yo sería su carpintero. Yo sería su José. No aceptó. Me dijo: seré puta pero soy cristiana. No acepto que cualquier mierda me haga hacer lo que no quiero hacer. ¡Y con lo que me costó preparar el puto pesebre!

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Ayer fue un día perfecto

Ese combustible que no te abandonará.
"inmaculada decepción"

A Javier Ruiz Cárdenas.

Ayer fue un día perfecto. Me compré una botella de vino. Y queso. Y la verdad que no quisiera más. Pongo a Chet Baker y no quiero más. Antes de eso estuve leyendo a Cortázar. Tomé vino y queso. Antes de leer a Cortázar estuve viendo una película de Bergman. Y antes de Bergman caminé un largo trecho por la costanera. Y antes de caminar por la costanera estuve contemplando un cuadro de Gustav Klimt. Luego hablé con mi vecina Pilar. Llamé a Javier. Por la mañana estuve leyendo Los Cuadernos de Malte Laurids Brigge de Rainer Maria Rilke, aquel libro que me regalara Mirtha Defilpo en Buenos Aires. Y no quiero más. No quiero más. Llega la noche y me voy a la cama. Pienso que fue un día perfecto. A todo el mundo le deseo un día así. A mis amigos. A mi barrio. A mi ciudad. Pero sobre todo a mis enemigos. A todo el mundo le deseo un día así. Hoy iré a trabajar y sé que todo cambiará. Pero no olvidaré el día que tuve ayer. Como tú no olvidarás el día triunfal que algún día tuviste. El día maravilloso cuando fuiste el hombre o mujer más feliz del mundo. Ese combustible que no te abandonará. El reservorio que te ayudará frente al patíbulo. Frente al pelotón de fusileros. Que te dará ánimo para arremeter contra el minotauro. O contra Teseo. Os deseo lo mejor. Mis mejores intenciones. A rojos y verdes. ¡La vida es maravillosa!

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Debo ser bueno y todas esas cosas

Soy negro, nazi, comunista y puto.
"inmaculada decepción"


Debo ser bueno y todas esas cosas. Mientras me lanzan bombas y granadas, debo ser bueno. No reclamar. No insistir. Portarme bien. Dar gracias a Dios. Al cielo o a Madame Bovary. Mejorar mi entorno. No cazar mariposas. Reírme con el último chiste. Soy negro, nazi, comunista y puto. Y además musulmán. Soy el detritus de esta decadente historia. Soy gordo. Tonto de capirote y me arrimo al político de moda. Nadie da un peso por mí. Duermo en las calles. Soy invisible. Un inmigrante eterno. Merezco menos atención que una ameba. A veces me gustaría ser un frasco. Madera o piedra. Pero soy lo que soy. Una décima parte de lo que tú vales. Pero aun así, me interesa este mundo. Sin zapatos. Con todo el futuro caducado. Con las mínimas intenciones. A veces con hambre. Me interesa este mundo. Estoy con los abandonados de siempre. Con mis amigos que viven en alcantarillas. Con presos miserables que viven en cárceles miserables. Con alcohólicos, drogatas y prostitutas. De ellos será el reino del olvido. También mi último puerto será el olvido. Y si me preguntas porqué me interesa este mundo no sabría qué responderte. ¿Por Bach, Bukowski o la ginebra? No lo sé. Mañana llegará Jhoana y follaremos. Es lo único que sé. El resto es Literatura. Es lo único que sé.

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Nunca te amé

Ahora sólo sueño con faros iluminando la tempestad.
"inmaculada decepción"

A Guillermo Muñoz Mieres.

Ya pasó toda la faramalla de fin de año. La rutina vuelve limpia. Ni un atisbo de mejorar la raza humana. Viejos irritables. Niños aburridos. Modelos famélicas. Veloces deportistas. Todo vuelve a la puta irritante normalidad. Ya nada de abrazos. Besos. Las mejores intenciones. Familiares que vuelven a ignorarse. Amores que mueren como fogatas de asados. Todo el marisco sobrante a la basura. En verdad que no me quejo de todo aquello. Me da igual. Ya no me creo ni a mí mismo. Alguna vez soñé con cambiar el estilo de las cosas. Ahora sólo sueño con faros iluminando la tempestad. Y estoy alegre no sé por qué. Debe ser la absenta que me tiene así. Debe ser. Debe ser la absenta que me tiene así. Mañana amanecerá más temprano. Un carancho se posará sobre donde estuvo mi corazón. Sólo encontrará un enjambre de papeles marchitos. Un poema de Lautréamont. Una carta que no se envió a tiempo y un ángel negro plañidero. Mañana amanecerá más temprano y un sol esquivo iluminará tu cuarto. Siempre estaré en algún lugar. Lo siento. Tendrás que soportarme después de muerto. Lo siento. No fue mi intención. Yo sólo quería una cerveza, un porro y el amor de Anouk Aimée. Lo siento. Nunca te amé.

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Viajo apresurado sobre un guanaco enloquecido

Una piedra da lecciones de física cuántica.
"inmaculada decepción"

Viajo apresurado sobre un guanaco enloquecido. Chicas argentinas diciéndome adiós. En la caseta 4 la presidenta llamando a la calma. Sobre el acantilado mil poetas caen al abismo. Veo en el Cerro Tenerife a una Miss Chile fornicando con Artaud. Un carancho le da un beso negro al Alcalde. Un cóndor hace el amor con el Rey de España. Un puma gay danza ataviado con un traje rosa. Un ministro se hace coger por un salmón. Una piedra da lecciones de física cuántica. Una nube anuncia que la Navidad está cerca. Me lleno los bolsillos de falsas monedas. El guanaco estalla. Me veo arrojado en un Supermercado atestado de zombis que naufragan entre latas de atún. Veo a mi padre muerto hace veinte años, vendiendo ajos en la entrada. Me dice: deja ya de fumar, de tomar e ir de putas. No hago ni puto caso. Sólo es un pobre viejo de mierda que vende ajos a las afueras del Supermercado.

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Una noche en Manos Limpias

Salgo de allí y me voy a la casa de Kim Novak.
"inmaculada decepción"

Estoy ahí sentado cuando veo llegar a Rimbaud. Llega con una puta de Mujeres de Lujo. Luego entra Carver con otra puta de La Perla Negra. Luego entra Hemingway con Ingrid Caven. Más tarde Neruda con una dominicana. Baudelaire con su Smartphone. Gente de mierda. Apuro mi trago. Debo salir de allí. De un tiempo a esta parte, Manos Limpias se ha convertido en un tugurio de mala muerte. Debieran seleccionar. Deberían seleccionar. No dejar entra a toda esa bazofia de mierda. Gente de mierda. Salgo de allí y me voy a la casa de Kim Novak. Hacemos el amor toda la noche y me olvido de la puta noche en Manos Limpias.

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