El señor González es de temer

Una retahíla constante de datos inútiles.
"inmaculada decepción"

El señor González es de temer. Posee la poderosa lógica de una piel de cebolla. Confunde el tocino con la velocidad. De repente y sin aviso pasa por casa. Siempre por la tarde. Cuenta naderías. A fulano de tal le ponen los cuernos. Mengano salió a pescar. María de la calle tal, dejó a su hijo pequeño y se fue con su amante. Y así. Una retahíla constante de datos inútiles. Que yo no registro. Que no me importan. Callo. No digo nada. Casi no hablo. Seguro que me toma por tonto. En verdad no me une nada con el señor González. No le gusta el fútbol. El box. No conoce a Baudelaire. El surrealismo. Ni Nazim Hikmet. Ni el jazz. Ni el rock. Ni nada de nada. Entonces callo. No hablo. No digo nada. Para él seguro que debo ser un imbécil. O algo peor. ¿Un fascista? No creo. No creo que conozca esa palabra. No lo sé.

Lo último fue ayer. Me preguntó el teléfono de una ex. Le pregunté para qué lo quería. Me contestó: eso es cosa mía. Pero cuenta le dije. Porqué tendría que contarte me respondió. Dame el teléfono y yo veré lo que hago. Pero dime algo le digo. Me dice que quiere establecer vínculos. Que es posible que él sea el hombre adecuado para su vida. Que le gusta. Además me dice: si se fijó en ti que nunca hablas, cómo no se va a fijar en mí.

Le doy el teléfono.

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Gonzalo Arango y la bachata

Y la puta bachata seguía sonando.
"inmaculada decepción"

La chica de Cali me pregunta si alguna vez me follé a una colombiana. Le dije que nunca. Que desde hace un par de años ni siquiera me he follado a una extraterrestre. Y eso que por el cielo de Puerto Natales andan algunas. Que no, le dije. Que nunca me he follado a una colombiana. ¿Y quisieras follarte alguna, yo por ejemplo? No sé le contesté. ¿Cuánto cobras? 50 euros me dice. Mientras la puta bachata salía del altoparlante, pedí otra corrida de tragos. ¿Y…? No sé le dije. Lo que pasa, le expliqué, es que he dejado el viagra en casa. Y así, de buenas a primera, no se me para. Tengo viagra en mi mesita de noche me respondió. No sé… Y la puta bachata seguía sonando. Pedí otra corrida de tragos. Son nada más que 50 euros me dijo. Piensa en cuánto te saldría un viaje a Cali y follarte a una colombiana. Le dije que no tenía idea de cuánto me saldría aquello tan específico. Además de mi mano y en una noche de éxtasis, agregó: podrías visitar lugares por donde anduvo tu ídolo, Gonzalo Arango. Aquello fue contundente. Le había hablado de Gonzalo Arango y ella, negociante de las mejores… de seguro que habría que mandarla a pactar con el FMI. Dio en la tecla. Recuerdo que le pagué y fui a su habitación. Luego no recuerdo más nada. De tanto trago y bachata me quedé dormido. No pasó nada. No tuve sexo con una colombiana. Con esa chica de Cali. No visité los lugares por donde estuvo Gonzalo Arango. Y la puta bachata siguió sonando en mi cabeza una semana entera.

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Estamos dotados para lo ínfimo y lo sublime

Capaces de grandes hazañas y grandes horrores.
"inmaculada decepción"

Las cosas son así. Blanco y negro. Los malos son malos y los buenos son buenos. Los malos son muy malos y los buenos son muy buenos. No hay otra. No hay ninguna otra mixtura. No existe el término medio. La señora que hace empanadas frente a mi casa es buena. El empresario de derecha que vive en la otra calle, es malo. Todos los militares son malos. Todos los civiles son buenos. Todos los iraquíes son malos. Todos los americanos son buenos. El maniqueísmo a todo dar. El maniqueísmo a carta cabal. Santa religión actual. El gris inexistente. Pero en verdad, lo siento, estamos hechos de la misma madera. No podemos ser buenos todo el tiempo. Malos todo el tiempo. Mezcla de ángel y demonio. Que tampoco existen. Vagamos por esta vida con nuestra carga de horrores y grandezas. Estamos dotados para lo ínfimo y lo sublime. Para la gesta y la desdicha. Capaces de grandes hazañas y grandes horrores. Estamos dotados para la conquista espacial y también preparados con armas, para el que ose ingresar a nuestras fronteras. La música, el canto y la poesía, no ha sido suficiente. Seguramente necesitemos volver a las cavernas y dar de nuevo de la baraja. Con cartas nuevas que no estén marcadas. ¡Buenos días! ¡Buenas noches!

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Givi y Motorola

... y todo se irá a la puta mierda.
"inmaculada decepción"

Alguien me manda un correo y me dice que lo último que he escrito data de un par de siglos atrás. De la época cuando un monje murió meditando en Mongolia. La verdad que ni me había enterado. Es que no llevaba la cuenta. No llevaba la cuenta de cuándo había dejado de escribir. Y eso que escribo todos los días. Voy en la página 300 de algo que podría llamarse no sé qué.
Jesús que nace en Bolivia y hace un viaje en tren por Chile. Allí es violado por pelafustanes de baja estofa. ¡Viva Chile Mierda! Sometido a calvarios indescifrables y luego masacrado al llegar a Puerto Montt. Entremedio hay un poeta que quiere batir un récord del mundo mundial. Un futbolista gay que estrella un Maserati de oro. Una puta que se parece a Nick Cave. Un alcalde que es reelegido 20 veces. Etcétera. Bueno… también están las chicas colombianas de La Perla Negra y el comandante Motorola del Batallón Sparta. También el comandante Givi del batallón Somalía.Y así todo el tiempo. Todo el tiempo con música de fondo de Bob Dylan y Patti Smith. En cualquier momento me dedico al cricket y todo se irá a la puta mierda.

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La noche era un nido de caimanes

"inmaculada decepción"

Crees conocerme y no me conoces de nada.
No me conoces de nada.
Fui un figurante que pasó por tu vida
dejando una estela de malos presagios.

¡Antiguos violines destemplados!

No fui para ti nada más que un atisbo del infierno.
Un acantilado digno del suicida
un desperdicio de la humanidad
una piedra en tu zapato.

Fui hijo de una puta y un marinero errante
que pasó por tu vida un día
en que el sol no existía
y la noche era un nido de caimanes.

Pero en definitiva no somos tan distintos.
Estamos hechos del mismo espasmo
que hizo a la comadreja y al asno.
En definitiva no somos tan distintos.

Al final nada quedará, ni un atisbo de nada.
Nada quedará, ni la comadreja, ni el asno, ni tú ni yo.
La tierra será nuestra fosa común
y giraremos hasta perdernos.

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El señor González, Badoo y una ventana emergente


Puta que está wena la weona...
"inmaculada decepción"

El señor González, el mismo de: Esa gorda quiere pico, viene y me cuenta que un sobrino hace tiempo atrás le creó una cuenta en Badoo. Lo malo me dice, es que yo no entiendo mucho esa wea. Me cuenta: cada vez que dentro, me aparece siempre la misma mina. Puta que está wena la weona, siempre me pone el mismo mensaje, que quiere algo conmigo, que vive cerca de mi casa y que tendríamos que conocernos. Ayer fui al centro y me pareció verla ¡me miro con una mirá de caliente! Yo me hice el weon, estai más weon, mira si se llega a enterar mi señora quea la cagá.

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A divinis

"inmaculada decepción"

Dios vagaba a través del espacio
sin hacer una mierda.
Un día se le ocurrió la brillante idea
de ponerse a trabajar.

Creó los cielos y la tierra
y muchas cosas más.
Luego fruto de su esquizofrenia veloz,
tomó del barro más nauseabundo
diciendo: ¡Hágase un Hugo Vera Miranda!

Más tarde en un acto de infinita crueldad
y sin mediar consulta alguna,
me saca una costilla
y crea a esa perra.

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Mortalmente parecidos

Por: Nicolás Poblete

Presentación del libro Yo mi hermano en Punta Arenas, Chile. De izquierda a derecha: la profesora
Valeria González, el autor Juan Mihovilovich y el escritor y académico Oscar Barrientos.

“Ya venías maldecido desde el vientre”.
"inmaculada decepción"

Yo mi hermano, la última novela de Juan Mihovilovich, nos sumerge en una suerte de líquido amniótico donde se gesta la progenie monstruosa que parirá a dos hermanos que pueden ser uno pero que jamás empatan en sus expectativas. Yo mi hermano es una historia de suplantaciones y de una feroz pugna por la identidad perdida y deseada. Su estructura a dos (supuestas) voces, intercala narraciones entre paréntesis, donde se revela al hermano mayor criticado, un escritor misántropo y en proceso de fragmentación.

Sin embargo nada es claro en esta novela, pues desde el inicio se nos presenta una advertencia inicial que frustra la posible expectativa de linealidad, veracidad e incluso verosimilitud: “Yo sé que mi hermano escribirá por mí. Eso me tiene sin cuidado. El que deberá cuidarse es él”. En una incansable pasada de cuenta, la voz narrativa nos previene: “Este libro, si es que se le puede llamar así a esta sarta de falsedades que hará aparecer por mi boca o por mis sentidos o por la que, iluso el pobre, supone también mi desbocada imaginación”. De este modo, la voz fiscaliza su propia pretensión, a través de un lenguaje docto, bajo una luz semi burguesa, con referencias clásicas a la literatura y al arte (Ray Bradbury, Kafka, Lewis Carroll).

El malquisto hermano es propuesto como víctima de “ridículos pánicos escénicos” y ostenta una “personalidad perversa”. Vive aislado en un piso lleno de hormigas y plantas secas, y en un estado de disociación temporal, donde el gran esfuerzo consiste en ir “hacia atrás, hacia el comienzo, entonces”. Uno de los recuerdos destaca la escena en la que este perverso hermano le destroza un ojo al hijo de la vecina. Luego nos enteramos de cómo empuja a su hermano menor a un río congelado mientras sonríe sádicamente. De este modo se empieza a conformar una elusiva forma monstruosa: “Ya eras un pequeño monstruo pugnando por venir a destruir nuestro mundo”. Nos confiesa: “A esas alturas tenías diez años. Te vi y oí desde el útero materno confidenciándole atrocidades a una prima: yo no era hijo de mi madre. No. Mi padre había violado sin compasión a mi hermana y yo era el resultado”.

La (con)formación del monstruo viene anticipada: esta amalgama de hermandad traza el destino maldito que se le ha adjudicado: “Ya venías maldecido desde el vientre”. No es de extrañar, entonces, que los orígenes sean oscuros. Se dice que la madre es mayor que el padre por diez años, dato que se considera una señal para producir hijos defectuosos. Asimismo, la madre adopta las características de una bruja, pues tiene la capacidad de predecir el sexo de las guaguas de embarazadas. La madre se caracteriza por su “ladina astucia… y trazado de serpiente”. Por su parte, el (idealizado) padre es un policía que ha sido transferido de su puesto de trabajo, y se sugiere un asesinato (del cual sale impune). Así, padre policía y madre bruja (cuyo propio padre se ahorca en Chiloé), gestan su progenie monstruosa.

Difícil es escapar de la maldición: “La maldad se lleva en la sangre, se viene con ella y ella te lleva hasta la tumba”, confiesa. Así, la maledicencia y el permanente miedo de usurpación predatoria llenan las páginas de esta novela. Como en una narración de Beckett, donde una voz da cuenta de la opresión de un espacio desfamiliarizado, esta voz se abre paso a través del formato de la carta, su única comunicación con el mundo exterior, al nivel que se pregunta: “suponiendo que tal mundo exista y no sea otro ardid de mi imaginación”. Anclado a un pasado y a un resentimiento inmensurable, ya que depende monetariamente de su hermano mayor, la voz dominante ingresa en un espiral de alucinaciones, donde admite: “la existencia es solo un documental sobre uno mismo, escrito y filmado por otros”.

A medida que avanza la narración ambos hermanos comienzan a unificarse en un confuso juego competitivo y mentalmente perturbador que me recuerda a la relación endogámica que proyectara David Cronenberg en su filme “Mortalmente parecidos”, inspirada en Twins. La extrema novela de Bari Wood y Jack Geasland narra las estrambóticas vidas de dos gemelos doctores, unidos por increíbles obsesiones que los llevan a un precipicio de locuras, y a un final para el cual están destinados de manera catastrófica.

Yo mi hermano 
Juan Mihovilovich
Lom, 2015

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