Israel Israel que bonito es Israel

Para todo el mundo. Niños, ancianos, maestros, pescadores y futbolistas, tenemos de nuevo a Delfín Quispe (Delfín hasta el Fin). Un prócer de aquellos. Después de Las Torres Gemelas nos honra presentar su nuevo Hit: En tus Tierras bailaré. Esta vez acompañado de dos grandes, gigantas, fenomenales, monstruosas de la canción latinoamericana, La Tigresa del Oriente y la pequeña genio, Wendy Sulca. Ha pasado algo con este tema. A todas luces sorprendente. Y se trata del pasito de Delfín que se da en el minuto 1.38. Haciendo el pasito de Delfín mucha gente se ha curado de un cáncer incurable, valga la puta redundancia. Mi tío Antonio después de 60 años consiguió novia. Una madre encontró a su hija perdida durante la Segunda Guerra Mundial. Un político corrupto devolvió todo lo robado. Gracias al pasito de Delfín. Alguien se curó del Sida. Un astronauta resolvió un tema complejo en órbita. Se dice también que el pasito de Delfín, fue lo que utilizó Gina González la costarricense, para conquistar el corazón del octogenario futbolista Alfredo Di Stéfano, 50 años mayor. Y quiero confesar algo. Algo muy íntimo. Yo tenía problemas de erección. Severos problemas de erección. Y cuanto más me concentraba, peor. Recurrí a todo y nada. Flores de Bach, de Mozart, de Los Auténticos Decadentes y nada. Incluso tuve el problema con una famosa modelo de un futbolista del Bayern Munich. Luego hice el pasito de Delfín y tuve 300 orgasmos en una espléndida noche. Tendría que ser canonizado. Debería ser canonizado. Tiene que ser canonizado. Es nuestro. El Papa también es nuestro. Gracias por siempre. Querido Delfín. Santo entre los santos. ¡Gloria y loor para ti! Por siempre jamás. Delfín hasta el Fin.


Delfín Hasta El Fin, La Tigresa Del Oriente y Wendy Sulca En Tus Tierras Bailaré from Hugo on Vimeo.

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Anxos Sumai: Tierra que anda

Ría de Río Gallegos. Fotografía de Anxos Sumai.
Estoy sobre un mirador de madera rasgada por el viento, fascinada ante el agua en un ocaso de finales del verano austral. Entre las tablas del suelo asoman miles de flores blancas, blandas, como lomos de ovejas. El agua, brillante y compacta como una roca, es de intenso color azafrán, igual que toda la tierra que la bordea, igual que las pesadas nubes que nos cubren.

Entre el mirador y el agua, hay un espacio de fango marrón en el que las gaviotas dejan huellas estrelladas y se hunden hasta los tobillos los hombres que lanzan las cañas de pescar. No sé qué pescan, quizás más tarde lo pregunte para sentirme dentro y no fuera de esos mundos en los que tengo la sensación de que yo estoy adentrando sin permiso. Es muy frágil la separación entre estar dentro y permanecer fuera, como una simple espectadora. El límite tiene la consistencia de una burbuja de jabón y, hacerla explotar, depende únicamente de quién mira, de un fulgor de lucidez que te recuerda que todas las personas somos -como dice un proverbio quechua- tierra que anda.

Sobre el mirador, me reconozco viajera. Una viajera atónita y distraída, tal y como definió Rafael Dieste, quien "perdió el filo de sus intenciones y anda viajando sin acordarse de dónde salió y tampoco sabe exactamente dónde se dirige". Quizás a mí, viajera atónita -insisto- ya no me importe demasiado mi destino. Simplemente camino, a veces llevada por la curiosidad, por los relatos de otras personas o, casi siempre, por la intuición. A este lugar llego guiada por la insistencia del poeta chileno Hugo Vera Miranda y por la recomendación entusiasta de otro poeta, el argentino Carlos Besoaín: los dos patagónicos generosos y hospitalarios. El mar que miro absorta, incrédula ante el color y la paz que reina entre las ráfagas de viento que me salpican de agua y polvo, es el estuario del río Gallegos antes de diluirse en el océano Atlántico. A mi espalda, la ciudad argentina de Río Gallegos me espera y, en ella, también me aguarda la plaza San Martín.

Pero aun me demoro un tiempo sobre el mirador. Quiero sentir, para no ser una simple cazadora de panorámicas hermosas, que también lo soy y la cámara fotográfica me delata. En el mirador me percato de que mis paisajes cotidianos, en los que nací y sigo habitando, condicionan mi memoria y mi mirada: por eso aquí, en la costa azafrán, veo una ría. Con un color imposible en la ría de Arousa, mi ría; con unos cerros incluso más suaves y tan distinta la vegetación, pero veo mi ría. Cierro los ojos. Carlos Besoaín me recuerda un fragmento de Las ciudades invisibles de Italo Calvino: "Quizás del mundo quedaron un terreno baldío cubierto de alcantarillas y el jardín colgante del Gran Kan. Son nuestros párpados lo que los separan, pero no se sabe cuál está dentro y cuál fuera... ". Yo sé que mi ría está dentro y se muestra aquí, en Río Gallegos, igual que un día me sorprendí excitada al reconocerla en el lago de Pokhara, en Nepal. Mis paisajes son mi memoria y me definen como perteneciente a un lugar, los encuentro en todas partes y me acompañan. Como la luna. Mi padre me dijo de niña: "Estés donde estés, si te sientes sola, mira a la luna. Ella y yo siempre caminaremos a tu lado".

Más tarde, en la plaza San Martín, me hablarán de Crisanto Poceiro, el gallego de Pontevedra que hizo florecer un jardín casi imposible en medio de la ciudad, contra el viento y el frío del sur. Como si hubiera cruzado el Atlántico con los bolsillos llenos de semillas que arraigaron para llenar de flores coloridas los sueños de los niños y de árboles verdes con los que distraer su propia añoranza. Y me siento como el viejo Pocero y como tanta gente desplazada: añico de tierra que anda y, también, semilla que podría arraigar, florecer y dar fruto en cualquier costa.

Quedan otros mares y la luna nunca cansa de caminar.

Publicado originalmente en Tempo Exterior, n.º 25 (julio-diciembre de 2012) 
(Traducción del gallego de Dorotea V. Wilder) 

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Feliz Día de la Madre en época de elecciones


Radio tal. Senador Fulano de Tal.

- Aló quién habla.
- Berta Pérez, lo llamo para saludarlo.
- Yo soy el que debe saludarla querida señora Berta. Estamos en su día celebrando esta fecha magnífica en que todas las madres del mundo y específicamente en la región celebramos, valga la redundancia este bello día instituido en el Día de la Madre. Cuénteme señora Berta.
- Bueno yo lo llamaba para saludarlo y también para mandarle un saludo a mi mamá que me está escuchando acá al lado mío.
- ¿Cuántos años tiene su mamita?
- Mi mamá tiene 82 años y siempre habla de usted y de cómo ha hecho cosas tan importantes para la región. Cuente con nosotras para lo que usted estime senador.
- Muchísimas gracias señora Berta. Usted debe saber que mi compromiso es con toda la gente de la región pero en mayor medida con las abnegadas madres de nuestro bello lugar en que nos tocó nacer, también para todas aquellas mamitas que han llegado de tantos lugares a bendecir con su presencia esta bendita tierra. Quiero fervientemente darle un gran abrazo a usted y a su querida madre. Que Dios las bendiga.
- Muchas gracias señor senador.

- Aló quién habla.
- Buenos días.
- Buenos días quién habla.
- Habla Carmen.
- Dime Carmecita cuántos añitos tienes.
- Seis.
- Me imagino que quieres saludar a tu mamita.
- Síp.
- Dime Carmencita cómo se llama tu mamá.
- Otilia.
- Ya, saludamos con mucho afecto a Doña Otilia. Dime Carmencita, cuál es la comida que más te gusta que prepara tu mamá.
- Ninguna.
- Ja, ja, ja. Claro, te gustan las hamburguesas, las papas fritas y las Coca-Colas. No quiero pasar publicidad que conste.
- Síp.
- Ja, ja, ja. Pero algo de rico debe prepararte tu mamá seguramente. Recuerdo cuando yo era niño y llegaba del colegio y mi madre me esperaba con esas ricas cazuelas que solía preparar ella. Es que muchas veces no vemos todo el inmenso cariño que tienen nuestras madres cuando somos niños y solo nos dedicamos a jugar y estar con nuestros amiguitos. Sobre todo las mujeres de nuestra región a la que represento. Ese amor inmenso que solo ellas saben brindar. Solo lo valoramos lo suficiente una vez que somos grandes. Qué no daría yo para tener a mi querida madre en estos momentos y que viera como su hijo a crecido y que ha mantenido todas aquellas sabias enseñanzas que supo brindarme.
- Carmencita te doy un cariñoso abrazo y anda y dale un beso a tu mamita y que el Señor los bendiga y muchas gracias por llamar.
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Se acerca ya el Día de la Madre y es el momento de reflexionar en cuánto le debemos a ella todo lo que somos. Sobre todo en este lugar del Mundo en que vivimos. Aquella abnegada mujer que nos trajo al mundo. Que nos enseñó nuestros primero pasos. Que nos enseñó a discernir entre el bien y el mal. Que nos enseñó junto a nuestros queridos profesores nuestras primeras letras. Ella mujer generosa y cariñosa que dio todo de sí para hacer de sus hijos y del país algo grande y brillante. Quisiera en este día entregar todo mi amor a todas las madres de nuestra querida región.

ANNABEL MANSILLA SIEMPRE A TU LADO JUNTO A LAS MADRES DE MAGALLANES.
ANNABEL MANSILLA SIEMPRE A TU LADO.

- Aló quién habla.
- Mire yo soy Susana Andrade y lo llamo de Puerto Natales.
- Puerto Natales, el paraíso en la Tierra. ¡Qué bella Ciudad Dios mío. Señora Susana ¿me escucha?
- Claro senador.
- Yo para el centenario de Puerto Natales, tuve el privilegio de propiciar un decreto ley que otorgaba un día feriado para Puerto Natales, o sea en todas partes en Chile fue un día común como cualquier otro y en Natales aquel día tuvieron su feriado. Es lo menos que yo podía hacer para la ciudad de Puerto Natales, aunque yo soy de Punta Arenas siento a Puerto Natales como mío. No sé si me entiende.
- Lo entiendo senador.
- Y ahora quiero a través suyo darle un saludo desde el fondo de mi corazón a todas las mamitas de Puerto Natales. Señora Susana ¿querría usted agregar algo más?
- Bueno sí… darle un saludo a mi mamá que espero me esté escuchando, ella vive en Porvenir y hace como cinco años que no la veo.
- Perfecto señora Susana, desde acá le brindamos un cariñoso saludo a su mamita que vive en Porvenir. - Dígame cómo se llama su mamá.
- Ella se llama Estela Obando.
- Señora Estela Obando de Porvenir, si me está escuchando le digo que su hija Susana le manda muchos saludos desde Puerto Natales. Quisiera también darle un afectuoso saludo a todas las madres de Puerto Porvenir, una ciudad que también llevo en mi corazón. Estuve en Porvenir hace una semana y la verdad que me atendieron muy bien. Eso es típico en Porvenir, gente de alma generosa siempre dispuestos a tenderle la mano a quien lo necesite. De nuevo, un saludo a todas las mamitas de Porvenir. - Muchas gracias señora Susana por llamar.

- Aló quién habla.

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El infierno

E

s terrorífico. Peor de lo que te puedes imaginar. Ni te cuento. Nada se lo compara. Tu pesadilla más perfecta. Estás allí y un crujir de dientes espantoso. La Biblia es un juego de niños. Es que estás en el infierno y ni te imaginas. Ni te imaginas. ¡Es el infierno! Peor que lo peor. Estás allí en el infierno. El infierno tan temido. Y está allí. El infierno está abajo, siempre abajo. El cielo arriba. Y estás allí en el infierno dándote vueltas. 6000 grados Celsius. Condenado absolutamente. Por siempre. En el infierno por siempre jamás. Y no vale si alguna puta vez hiciste una buena acción. Estás en el infierno y es tu lugar. No puedes pagar tu hipoteca. Y ardes. En el mismísimo infierno. Tu niño pequeño se ha muerto. Te has quedado sin trabajo. Tu mujer ha sido violada. Tu madre se prostituye en los bares. Nadie viene en tu auxilio. Ninguna palabra de aliento ni nada. Más solo que la soledad antes del Big Bang. Luego duermes bajo un puente. En Santiago de Chile. En Belfast o Nueva York. Vas por ahí mendigando un poco de nada y te dan patadas en el culo. Y cada día desciendes un poco más. Hasta llegar a los 6000 grados Celsius. Ya estás en el centro de la Tierra que es el infierno. Y piensas que aquel lugar es más confortable que aquel otro lugar en donde, por misericordia, te han dejado respirar. Dios salve a Dios. El infierno somos todos.

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Cuando beso los pechos de Juliana recibo una llamada

Estábamos allí una noche más de putas. Tomando y tomando. Era Néstor quien pagaba todo. Acababa de ganar un premio gordo y lo festejábamos. Cantina libre para todos. La felicidad completa. Encaramado a una mesa, me salió el stripper que llevo dentro. La música estridente y el jolgorio. Estrellitas girando. Aplausos. Todas querían tocarme. Todas me tocaron. Y así. Era sin lugar a dudas la mejor noche de nuestras vidas. Cuando beso los pechos de Juliana recibo una llamada. Era Víctor. Me dice que acaba de morir la madre de Néstor. Veo a Néstor con Yuly haciendo un cuadro plástico. Veo que Néstor le pone crema en los pechos de Yuly y los lame. Pongo voz de circunstancia y le digo a Víctor que le daré la noticia. Que justamente en ese momento estoy con él. Que lamento muchísimo lo que ha pasado. Que no se preocupe. Que seré lo suficientemente diplomático para darle la noticia. Cuando termina el cuadro plástico de Néstor con Yuly, llamo a Néstor  y le digo: que buena pareja haces con Yuly. Se ríe. Seguimos tomando. Néstor feliz.

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Estoy haciendo furor en la Web

Estoy haciendo furor en la Web. Cada día escribo mejor. Escribo algo, cualquier cosa, y la gente me aplaude. Gente maravillada. Hermosa gente. Recibo cientos de comentarios. Bellísimas mujeres caen a mis pies. Recibo botellas de whisky, postales alemanas, promesas de: te amaré por siempre. Y yo dale y dale con la escritura. En los supermercados firmo autógrafos. No me quieren cobrar. Todas las chicas del pueblo abiertas de piernas. Es que en verdad soy muy bueno. Indiscutiblemente soy muy bueno. El mejor. Tengo un pre-contrato firmado con Anagrama. Mantengo conversaciones con Random House Mondadori. Todo me va de mil maravillas. Es que en verdad soy muy bueno. Muy bueno en lo que hago. Escribir. Tendría que haber empezado antes. A los treinta años, por ejemplo. En la época en que lavaba platos en un restaurante de Buenos Aires, por ejemplo. Ahora sería tan importante como Cortázar, por ejemplo. Más que James Salter, por ejemplo. Pero no me quejo. Soy impresionantemente bueno. El otro día sin más, vino el alcalde del pueblo y me dijo: vengo en representación del Consejo Municipal para anunciarle que hemos decido cambiar el nombre de su calle por su nombre. Proceda le ordené. La ONU, la Otan y el FMI, me consultan. Por fin se ha hecho justicia conmigo. Con esta pobre vida de mierda que llevo.

 

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Un simple polvo dentro de un polvo

Había terminado la segunda botella cuando llamé: ya se la mandamos dijeron. Vivo en Puerto Natales en donde todo lo puedes conseguir con un taxi. Whisky, marihuana, un boleto de Lotería, un pasaje a Londres o una porción de papas fritas. Apareció una negra de cinco metros. Soy Elaine de Costa Rica me dijo. Soy Hugo de Puerto Natales le dije. Fue la única conversación que mantuvimos. Tomamos unos tragos, escuchamos algo de música y nos fuimos a la cama. Un polvo de tantos. Uno más en un universo empolvado. Un poco menos que nada dentro de los millones de polvos de aquel día en el planeta. Así como Octavio Paz dijo un día, que la felicidad no se soporta mucho tiempo. Así también un polvo dura menos que la nada misma. Millones de seres existiendo por un polvo. Con amor es mejor. Con amor es peor. Nunca se sabe. Nunca se sabrá. Y así hasta el final. Fue lo que fue. Un polvo en mi vida. Y nada más que eso. Un simple polvo dentro de un polvo.

Olvidé a Elaine durante años. Hasta que un periódico me lo recordó. Le habían dado de balazos. Todos mortales. Fue el marido. Había descubierto que Elaine ejercía la prostitución. Aparecía la foto de ella y el marido. Del asesino. Para mi sorpresa, era un antiguo compañero de la secundaria. Lo había dejado de ver durante veinte años. Era Julián. Habíamos sido buenos amigos. Jugamos fútbol en el mismo equipo. Recuerdo que le ganamos 2 a 1 a la selección de Río Gallegos. Estuve en algunos de sus cumpleaños. Era divertido y un poco extravagante. Además del fútbol, coleccionaba mariposas y estampillas. Fui a la cárcel y le llevé cigarrillos. Se alegró al verme.

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Cavilaciones sobre las barras bravas

Por Miguel Mazzeo



"Pero ya basta de insignificancias lúgubres y vayamos a las cuestiones realmente lúgubres".

Francis Scott Fitzgerald.


Cuando se aborda el tema de las barras bravas y de la violencia en el fútbol el lugar común y la mirada astigmática, que suelen derivar en cantinelas moralistas o en recetarios meramente represivos y fascistoides, están a la hora del día. Se ha dicho que el periodismo, mal ejercido, propone océanos de un céntimo de profundidad. ¿Qué decir del mal ejercicio del periodismo deportivo?, ¿llega al centímetro?
Como modesta contribución a una estrategia que intente un análisis un poco más “estructural”, un análisis que de cuenta de la complejidad de la problemática, consideramos que es necesario reconocer como dato incontrastable que, en nuestro país, desde hace muchos años, se vienen desarrollado procesos de "institucionalización" de las barras bravas. Estos procesos de institucionalización reproducen, inevitablemente, las lógicas institucionales generales impuestas por el contexto socio-histórico. En un sentido más limitado, las barras bravas reproducen las lógicas de aquellas instituciones que tradicionalmente han estado más cerca del fútbol.
Las barras bravas, en mayor o en menor medida, según el club que se tome como referencia, denotan siempre la especialización de una función. Una función antes generalizada y abierta. Se presupone que esta especialización, más que cualquier otra, dada la carga "afectiva" e "identitaria" que en teoría posee, no puede dejarse en manos de no selectos, tampoco puede concebirse como una función meramente formal y operativa, aunque lo es.
Con especificidades propias, que obviamente no son las de un club de Golf o de Tenis, las barras establecen incentivos selectivos, condiciones de membresía y las pautas para realizar un cursus honorum: ser amigo o conocido de algún miembro histórico, seguir al equipo a todas partes, mostrar arrojo en las paradas bravas, sea contra otras barras o contra la policía. En buena medida esto explica el perfil del “sujeto barra brava”: una combinación de performer y burócrata. A su vez, existen, en muchos casos, incentivos materiales. Ser hincha se convierte en una tarea rentada, una estrategia de supervivencia y hasta de ascenso social. Los incentivos selectivos y materiales se retroalimentan.
Con la especialización, la función de alentar pierde su connatural espontaneidad. El grupo especializado fija normas, códigos, reglas. Surgen las jerarquías que se justifican invocando alguna eficacia. La especialización genera naturalmente algún tipo de organización. Una organización que, dado el medio económico, social, político y cultural en el que se desarrolla, tiende a ser verticalista, intolerante y violenta (hacia fuera y hacia dentro). No es casual la compatibilidad que existe entre las barras bravas y algunos partidos políticos, sindicatos, y otras instituciones que auspician los sentimientos de insignificancia en los más pobres y explotados, que favorecen el sectarismo y el personalismo, que siempre traban las perspectivas desde abajo, que se rigen por lógicas pre-políticas de gestión (incluidos los propios clubes, claro está). Es decir, no es para nada casual la compatibilidad entre la barra brava y los espacios regulados por las lógicas estatales y mercantiles.
Elitismo, positivismo, y manipulación, alimentan siempre relaciones sociales que no son auténticas.
Los excesos violentos de las barras, como todos los excesos, revelan la esencia de un fenómeno (al decir de Bertold Brecht). Ante incidentes graves, se buscan explicaciones que nunca atienden a los valores, normas y pautas vigentes en la sociedad. A la hora de analizar un hecho violento vinculado con el fútbol, pocas veces se toma en consideración que para una parte importante de esta sociedad la mafia es utopía y horizonte. Si la falta de poder y la pobreza se presentan como falta de aptitud no sólo se fomenta la auto-culpabilización de las víctimas sino también la inescrupulosidad a la hora de obtener riquezas y poder. Por cierto, la barra brava refleja el grado de idiotez y de vileza moral de amplios sectores "pacíficos" y "respetables" de nuestra sociedad, de hombres y mujeres cuyas virtudes hogareñas, laborales y barriales requerirían de extensas reseñas. La especialización es funcional a la inescrupulosidad del barra brava pero también a la del dirigente, el sindicalista, el político, etc.
Las barras se nutren de aquellos sectores sociales a la deriva (no sólo los más pobres) sin horizonte, influidos por una identidad pre-popular y hasta pre-plebeya: una identidad que podríamos denominar lumpen que, aunque negativa, no deja de ser aglutinante y precisamente por eso es también objeto de manipulación. Las barras alimentan con su miseria moral el poder de otros.
La condición del barra brava es de una alta hipocresía. Una condición usualmente emparentada con el altruismo y el desinterés, se utiliza para obtener algún poder y algún beneficio material. Lo mismo ocurre en otras instituciones que dicen "expresar", "representar" o "defender", determinados intereses. Por lo tanto, en contra de lo que supone, la violencia ejercida por las barras bravas, es una violencia sin pasión. Del mismo modo que su sensualidad es una sensualidad sin calor. En fin: la barra brava es el lugar de la ansiedad, la angustia, la frustración y la desesperación sin fe. El fervor postergado espera en otros espacios. En el hipotético caso de no existir hipocresía, lo que podemos encontrar es un abuso del amor a la camiseta. Claro, tanto amor termina por hacerla jirones.

Miguel Mazzeo: Escritor. Profesor de Historia y Dr. en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Hincha del glorioso club Lanús de Argentina.


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