El retorno del guerrero

Me tocó estar allí. Por mi país. Por mi país fui a Afganistán. Por la libertad. Por mi familia. Por un mundo mejor. Sabía que llegaría el momento de volver a casa. El deber cumplido. Mientras tanto arena. Desierto. Calor sofocante. No importaba. Combatía. El enemigo se movía y yo también me movía. Eliminar. Cumplir órdenes. Dar órdenes. Formaba parte del batallón aerotransportado 157. Estuve en Nimruz, Uruzgan y en Zabul. La vida en el frente de combate no vale nada. No existe Dios ante la muerte. Se trata de salvar el pellejo y a otra cosa. Volví a casa después de un año. A Wisconsin, a Madison. Allí me esperaba Megan y mis dos hijos. El retorno del guerrero. Nevaba y llevaba en mi pecho las medallas. Abro la cerradura de la puerta y escucho los gritos de placer de Megan. No hice nada. Impasible. Saqué de la nevera una Coca-Cola y volví sobre mis pasos. Retorné a mi base. Nuevamente a Afganistán. Maté a más de 200 putos, sucios y malparidos talibanes.

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Por la Razón o la Fuerza


Así dice el escudo chileno. Por la Razón o la Fuerza. ¡Vaya mierda! Por la razón o la fuerza nos siguen cagando. Esas pocas familias chilenas nos siguen cagando. Presidentes, políticos, militares, autoridades de la peor ralea. Por la razón o la fuerza nos imponen el lumpenaje más abyecto en sus programas de televisión. No entregan un gramo de territorio nacional y entregan la riqueza del país al mejor postor. Payasos de gobierno con el nepotismo más descarado rasgan vestiduras de castidad en medio de un burdel de mala clase. Todo arreglado para los poderosos y a los chicos de los colegios, bastones y manoseo. Mala educación, mala salud, malos sueldos, malavida. Se creen los tigres de América Latina y son gatos mojados. Se reparten el puto poder entre ellos. Los mandamases de turno. Si te rebelas te aplastan, te tildan de antichileno. Te denigran. Te basurean. No tienes ningún tribunal donde apelar. Te liquidan bajo un puente y lo pasan por accidente Te conviertes en un paria. En un puto sorete. Aliados del mundo occidental y cristiano, nunca lo verás apoyando una causa justa. Siempre con medias tintas. Nunca algo contundente. Viven en una dimensión desconocida para el hombre o la mujer común. En vacaciones todo el año. Todos ellos comprando la misma camisa, el mismo auto y diciendo las mismas pelotudeces de siempre. Que trabajan para el país y para tu bienestar. Pero sabes que siempre trabajan para ellos y los colonialistas del mundo uníos. Para esas pocas familias chilenas que acorazadas en sus madrigueras digitan nuestra vida en penumbras. Esperemos que llegue el momento de abolir o cambiar el escudo. Que el pueblo, una palabra que ya no se usa y que ellos -tan compuestitos- han cambiado por gente, se animen a ser verdaderos protagonistas de la historia. Mientras tanto seguiremos soportando sus plañideros discursos insustanciales de lugares comunes.

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La muerte de Marilyn


For my friend Douglas Geddes in Scotland.

Nadie había golpeado tan fuerte la puerta de casa. Voy y era la policía. Me preguntan si soy fulano de tal y al contestar afirmativamente sacan sus placas y dicen que quieren hablar conmigo. Los hago pasar. En el pasillo les digo que el timbre no funciona. Me dicen que no vienen a hablar de timbres que no funcionan. Toman asiento y les pregunto si quieren tomar un café. Me dicen que no vienen a mi casa a tomar café. Queremos hacerle un par de preguntas me dicen. Sacan de un maletín unas fotos de mujeres. Cinco fotos de mujeres que me muestran una por una. Me muestran las cuatro primeras y no reconozco a ninguna. Luego me muestran la foto de Marilyn. Les indico la pared donde está su foto con el Chanel Nº 5. Les digo que todo el mundo la conoce, incluso probablemente mi tía Ester Vda. de Miranda.

Me preguntan dónde estuve el 5 de agosto de 1962, entre la 1.20 y la 4.50 de la madrugada. Les comento que en aquel tiempo era guardaespaldas del presidente Kennedy y que en aquellas horas específicas, me encontraba en la Casa Blanca. Les dije: lo recuerdo perfectamente. Me dicen que mi coartada es muy pobre. Que durante todos estos años habían guardado celosamente saliva encontrada en un frasco de barbitúricos en el lugar del hecho. Que nunca habían dado con el ADN hasta aquel día. Que yo era el asesino. Despierto.

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Confesión

Vivo entre sierpes insaciables que nada entienden
de un corazón en llamas.
Me manejo torpemente entre el caos y la quimera.
Me envían saludos seres despreciables
desde el abismo de sus pobres corazones.

Camino por calles asfaltadas de malditos designios
y no tengo ningún contacto con el ser humano.
Escribo de madrugada malditos versos
ebrios de una atroz melancolía.
Soy un pobre tipo de mierda
que no tiene el coraje del disparo.

Y aquello pasa por haber vivido mucho tiempo
en un lugar que no me correspondía
en un planeta que no me era favorable
y en no saber comportarme entre imbéciles,
tenía que haber muerto antes de nacer. 

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¡Feliz Día del niño!

Estoy con Carla y mañana se celebra el Día del niño. Luego vendrá el Día del Tonto, el Día del Tinto, el Día del crápula, el Día de Lo Que Tú Quieras. ¿Y el Día del Sistema Capitalista para cuándo? La cosa es que estoy con Carla. Me vino a ver y ella hace lo de siempre, paga todo. Es un sábado, ya fuimos a cenar y estamos en el hotel. Listos para la última pelea de la noche en el cuadrilátero del amor. Nada más comenzar el round, llama uno de sus hijos.

- Sí mi niño. Mañana estaré con ustedes. Yo también te quiero mi niño. Ni te imaginas lo que te llevo de regalo. Tú sabes que también te amo. Sí mi amor. Mamá siempre estará contigo. Te prometo que mamá te traerá a Puerto Natales. Te lo prometo. Te amo mi amor. ¿Me das con tu hermana? Chao mi cielo. ¡Hola cariño! No sabes cuánto te amo. Sí querida hija de mi corazón. Yo también te extraño. Mañana mamá estará con ustedes. Sí querida. Te lo prometo. Un besito pequeña mía. Dame con tu padre. Hola amor. Sí. Yo también te extraño. Sí, me ha ido todo bien. No te preocupes. Me he puesto de acuerdo con el comprador. Todo bien. Fuimos a la Notaría y quedó todo en orden. Mañana llegaré al mediodía. Yo también te extraño amor. Sí mi vida. Te amo. Chao.

La atraje hacía mí y le di con todo.

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El Mossad y la CIA lo sabían

Tenía de decírselo. Llegado el momento tenía que decírselo. No se puede ocultar la realidad. No se puede ocultar la verdad todo el tiempo. Era mi madre. Ella entendería. Tenía que decírselo. Era todo tan evidente pero ella no se daba cuenta. Creo que era la única que no se daba cuenta. Todos mis amigos lo sabían. Los vecinos. Mis maestros de escuela lo sabían. El Mossad y la CIA lo sabían. Sólo era cuestión de tiempo de que ella se enterase. Que alguien por ahí llegara con el chisme. Se lo diría. Era mejor que lo sepa por mí. Por su hijo. Es que tampoco encontraba el momento y el lugar para la confesión. En verdad yo era un chico apocado y tímido digno de bullying. Ya sé. Nadie es digno de bullying. Salvo aquellos que cumplen funciones de gobierno. Pero me faltaba el coraje. En verdad que me faltaba coraje. Sé que llegaría el momento en que tenía que saberlo por mis propios labios.¡Era mi madre! Entendería. Pero el momento no llegaba. Hasta que un día llegó el momento. Me invitó a comer a un restaurante peruano y en los postres se lo dije. Madre quiero decirte algo le dije. Hace mucho tiempo que quería decírtelo. Y no me atrevía. Seré franco contigo. Sé que me amas y comprenderás. Y se lo dije: estás gorda como una vaca.

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El ratón Pérez

Para Ada Valeria.

Cuando era pequeño mi vida era magnífica. Mis padres estaban separados y aquello era francamente maravilloso. No hay nada mejor para un niño pequeño y listo que sus padres estén separados. De lunes a viernes me agasajaba mi padre. Del viernes por la tarde hasta la noche del domingo mi madre. Mi padre era poeta o decía que lo era. Usaba una boina negra, un perramus del mismo color que le llegaba hasta los tobillos. Siempre salía a la calle con un libro bajo el brazo. Llegaban amigos a casa y le preguntaban: cómo le va poeta. Pero en verdad nunca le vi escribir un puto verso.

Recuerdo una época en que escuchaba constantemente La Oreja de Van Gogh. Me decía que lo escuchaba para inspirarse. Cuando tocaban el timbre de casa y llegaba algún amigo, sacaba la música que lo inspiraba y ponía a Thelonious Monk. Entonces decía a sus amigos que Thelonious le inspiraba. Yo creo que a mi padre sólo le inspiraba una o dos botellas de vino tinto. Eso en el supuesto caso de que a mi padre algo le inspirase.

Mi madre era una militante feminista de izquierda que hacía clases en un colegio de monjas. Le gustaba el caviar, también el vino tinto y Frida Kahlo. En fines de semana se contactaba con amigas con los espíritus de poetas de la costa este de Estados Unidos. Aquello lo hacía a través de la Ouija.Un tablero con letras y números que se supone que se mueven a entera voluntad enigmática. Recuerdo una vez, mientras las letras se desplazaban alocadas, que un poeta, no recuerdo cuál, le dijo algo así como: dale leche de burra a tu volumen. Esas clases de tonterías que mi madre creía una señal clara del destino. Un día estando en casa de mi madre se me cayó un diente. En casa de mi padre y según la tradición, era sinónimo de dinero bajo mi almohada. Yo pensaba que en casa de mi madre sería lo mismo. Por lo tanto puse mi diente bajo mi almohada y al despertar no encontré nada. Y en aquel momento comenzó mi búsqueda. En la alacena nada. En la cartera de mamá nada. En el baño nada. Removí algunas cajas y no encontré nada. Fui al segundo piso y sobre un libro de Simone de Beauvoir, La mujer rota, encontré 10 mil pesos. Un dineral. Lo tomé y fui donde mi madre que dormía y le pregunté si el ratoncito Pérez me había dejado plata en un libro, mi madre sin despertarse farfulló que sí. Fui al almacén de la esquina y compré tres cajas de chocolates. Invité a mis amigos y fui el chico más querido de mi calle. Cuando llegué a casa, al mediodía, mi madre me preguntó por el dinero que estaba encima del libro. Le conté lo del ratón Pérez. Se enojó muchísimo y me dio un chirlo. Me dijo: niño estúpido, el ratón Pérez no existe. Me lo dijo y una sonrisa de hada malvada se dibujo en su rostro trasnochado de tanta Ouija. Le dije que ya lo sabía. Que sabía que el Ratón Pérez no existía. Que aquello no me afectaba en lo más mínimo. Luego arremetió con furia cruel de mujer cruel. Me dijo: y sabes acaso que tu padre no es tu padre. Le dije que tampoco me importaba. Cómo me iba a importar un padre que escuchaba todo el tiempo La Oreja de Van Gogh. Sólo me importaba el chocolate y mis amigos.

Creo que mi padre publicó un libro que nadie leyó. Mi madre me llamó hoy diciéndome que el domingo llega desde Cincinnati.

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A propósito de Tom Waits

"Me gusta el smog, el tráfico, la gente perversa, los atascos,
los vecinos ruidosos, los bares abarrotados y paso la mayor parte del tiempo
 en el coche yendo a ver una película". Tom Waits.

Vi tu cara de disgusto al ver la foto de Tom Waits
que te miraba desde el fondo sepia de una vida desolada,
de amaneceres sangrientos y violentos gestos de espanto
dedicados a violar este atrabiliario tiempo nuestro,
en vislumbrar un futuro en donde los cerdos estén en prisión,
y en imaginar que la música, la poesía y el descontrol
era la receta adecuada para espantar la falla de San Andrés.

Luego de escucharlo dijiste -canta como se ve en la foto-
o sea mal, una voz de ultratumba, gastada y final,
pero te diré, que prefiero a Tom Waits más que a Los Tres Tenores,
a él más que a Madonna, Cristo o la Madre Teresa,
mucho más a él que a tu encantador último novio,
y algo más; cientos de veces vi esa cara de disgusto
sobre mi rostro de la gente del pueblo
cuando eras niña y no te dabas cuenta y me amabas.

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